Martin Eden
Martin Eden Martin comprendió sus buenas intenciones, y se sintió tan agradecido que olvidó su deseo de morderse la lengua.
—No fue nada —exclamó—. Cualquier hombre habrÃa hecho lo mismo. Aquella pandilla de rufianes buscaba bronca, y Arthur no estaba molestando a nadie. Quisieron achantarlo, pero fui yo quien les achantó a ellos con unos cuantos puñetazos. Y yo me despellejé los nudillos, pero ellos se quedaron sin algunos dientes. No me habrÃa perdido esa pelea por nada del mundo. Cuando veo…