Martin Eden
Martin Eden Ruth nunca vio el hambre reflejada en el rostro de Martin, que se había afilado y tenía las mejillas más hundidas. De hecho, advirtió este cambio con satisfacción. Parecía refinarle, despojarle de aquella carnosidad y aquel vigor animal que la atraían y repelían al mismo tiempo. Algunas veces, cuando estaba con él, percibía un brillo insólito en sus ojos, y eso le complacía, pues se asemejaba a un estudiante o a un poeta… las cosas que a él le habría gustado ser y que a ella le habría gustado que fuese. Pero Maria Silva leía una historia muy diferente en los ojos febriles y en las mejillas hundidas, y notaba su cambio de día en día, según los altibajos de la fortuna. Le veía salir de casa con abrigo y volver sin él, aunque hiciera un tiempo helador, y no tardaba en observar cómo su rostro se volvía un poco menos afilado y el brillo del hambre abandonaba sus ojos. Del mismo modo había visto desaparecer su bicicleta y su reloj y, en las dos ocasiones, le había visto recuperar de nuevo su vigor.