Martin Eden
Martin Eden Se daba cuenta, asimismo, de lo mucho que trabajaba, y sabía la cantidad de aceite que gastaba por las noches. Comprendía que su trabajo era más agotador que el de ella, aunque fuera de otra naturaleza. Y le sorprendía ver que, cuanta menos comida tenía, más trabajaba. En alguna ocasión, cuando sabía que estaba muerto de hambre, le mandaba una hogaza de pan recién hecho, disimulando torpemente su generosidad con la broma de que ella cocinaba mejor que él. Y a veces le enviaba a uno de los niños con un enorme cuenco de sopa caliente, mientras trataba de decidir si hacía bien en quitársela de la boca a los hijos de sus entrañas. Martin se lo agradecía con el corazón, consciente de lo que suponía para ella, y de que aquello era auténtica caridad.
Un día en que había dado de comer a sus retoños todo lo que había en casa, Maria gastó sus últimos quince centavos en un galón de vino barato. Cuando vio entrar a Martin en la cocina para coger agua, le invitó a sentarse y beber con ella. Él lo hizo a su salud, y ella siguió su ejemplo. Después ella brindó por el éxito de Martin, y él por que apareciera James Grant y le pagase la colada. James Grant era un oficial carpintero que no siempre pagaba sus facturas y debía tres dólares a Maria.