Martin Eden
Martin Eden Ya podía leer sin que le dolieran los ojos. The White Mouse era la publicación que le ofrecía los cuarenta dólares, y la historia era «El remolino», otro de sus primeros cuentos de terror. Leyó la carta una y otra vez. El director le decía sin rodeos que no había sabido manejar la historia, pero que la idea era muy original y era eso lo que le compraban. Si podían recortar un tercio de la historia, se la quedarían y le enviarían inmediatamente cuarenta dólares.
Pidió papel y lápiz, y le escribió al director que podía recortar dos tercios de la historia si lo deseaba, y que le enviara inmediatamente los cuarenta dólares.
Teresa se encargó de llevar la carta al buzón, y Martin se quedó acostado reflexionando. No era mentira, después de todo. The White Mouse pagaba al aceptar el escrito. Había tres mil palabras en «El remolino». Si le quitaban un tercio, habría dos mil. Cuarenta dólares equivalía a dos centavos por palabra. Si pagaban al aceptar dos centavos por palabra… los periódicos decían la verdad. ¡Y había considerado The White Mouse una publicación de tercera fila! Era evidente que no conocía las revistas. Transcontinental le parecía una de las más importantes, y pagaba un centavo por diez palabras. The White Mouse, una de las que consideraba peores, pagaba veinte veces más que Transcontinental y además lo hacía al aceptar el trabajo.