Martin Eden
Martin Eden —Reconozco que sÃ. Y, si fueron un desastre hablando de su profesión, imagÃnate mis sufrimientos si hubieran abordado otros temas. Yo pensaba que aquà arriba, donde se puede disfrutar de todas las ventajas de la cultura… —se detuvo unos instantes y vio cómo su figura juvenil, con el sombrero de ala rÃgida y la chaqueta cruzada, entraba por la puerta y atravesaba la estancia con aire desafiante—. Como iba diciendo, pensaba que aquà arriba todos los hombres y las mujeres serÃan brillantes y luminosos. Pero ahora, por lo poco que he visto de ellos, casi todos me parecen un hatajo de necios, y el noventa por ciento de los que quedan seres grises y aburridos. Sin embargo, el profesor Caldwell… es diferente. En cada una de sus pulgadas y en cada átomo de su materia gris hay un verdadero hombre.
El rostro de Ruth se iluminó.
—Háblame de él —le suplicó—. Pero no me cuentes lo inteligente y maravilloso que es… conozco sus cualidades; dime lo que no te gusta. Tengo mucha curiosidad por saberlo.
—Quizá me meta en un lÃo —bromeó Martin—. ¿Qué tal si empiezas tú? Aunque es posible que sólo encuentres cosas buenas en él.
—He asistido a dos cursos suyos, y le conozco desde hace un par de años; por eso estoy deseando escuchar tu primera impresión.