Martin Eden
Martin Eden Pero fue The Globe, una revista de Chicago, la que le trató con más crueldad. Martin se había abstenido de ofrecer sus Poemas del mar hasta que el hambre le obligó a hacerlo. Después de ser rechazados por una docena de publicaciones, llegaron a las oficinas de The Globe. Había treinta poemas y acordaron pagarle un dólar por cada uno. El primer mes publicaron cuatro, y recibió en seguida un cheque de cuatro dólares; pero, cuando vio la revista, se quedó horrorizado del modo en que habían destrozado su poesía. En algunos casos habían cambiado el título: «Finis», por ejemplo, se había convertido en «El fin», y «La canción del arrecife exterior» en «La canción del arrecife de coral». En un caso habían puesto un título completamente diferente, de lo más inapropiado. En lugar del suyo, «Luces de medusa», el director había escrito «El camino de vuelta». Pero los estragos causados en sus poemas eran terribles. Martin gemía, sudaba y se mesaba los cabellos. Le habían cambiado frases, versos y estrofas. No podía creer que un editor en su sano juicio pudiera hacer semejante carnicería, y prefería pensar que el chico de los recados o el estenógrafo habían manipulado su poesía. Martin escribió inmediatamente a The Globe, rogando que dejasen de publicar sus poemas y se los devolvieran. Mandó una y otra carta, rogando, suplicando, amenazando, pero no atendieron a sus misivas. Mes tras mes continuó aquella mutilación hasta que terminaron de publicarse los treinta poemas, y mes tras mes recibió el cheque de los que habían salido a la luz en el último número.