Martin Eden
Martin Eden Aquélla acabó siendo una noche memorable para Martin, pues después de cenar conoció a Russ Brissenden. Martin no sabÃa por qué estaba allÃ, ni de quién era amigo, ni quién le habÃa llevado. Tampoco sintió curiosidad por preguntárselo a Ruth. En pocas palabras, Brissenden le pareció un individuo endeble y con la cabeza hueca, y no tardó en olvidarse de él. Una hora después llegó a la conclusión de que Brissenden era también un grosero, por su manera de deambular por las habitaciones, mirando los cuadros y metiendo la nariz en libros y revistas que encontraba en las mesas o cogÃa de los estantes. A pesar de ser un extraño en la casa, rehuÃa la compañÃa de los demás y acabó arrellanándose en un amplio sillón Morris[22] y leyendo un delgado volumen que sacó de su bolsillo. Mientras leÃa, se pasaba los dedos distraÃdamente por el cabello, como si los acariciara. Martin no volvió a fijarse en él aquella noche, excepto en una ocasión en que le vio bromear, y aparentemente con éxito, con varios jóvenes.
Cuando Martin salÃa de la casa, se encontró casualmente con Brissenden en mitad de las escaleras.
—Hola, ¿es usted? —dijo Martin.
El otro respondió con un gruñido, pero siguió andando a su lado. Martin no intentó de nuevo entablar conversación y, durante varias manzanas, caminaron en silencio.
—¡Será zopenco y engreÃdo!