Martin Eden
Martin Eden —Ojalá fueras razonable —contestó ella débilmente, aunque convencida de haber hecho un diagnóstico acertado del mal que le aquejaba—. Ojalá fueras razonable —repitió—, y ven a cenar mañana.
Después de ayudar a su hermana a subir al tranvÃa, Martin corrió a la oficina de correos e invirtió tres de los cinco dólares en sellos; cuando, horas más tarde, de camino a casa de los Morse, volvió a entrar para pesar un montón de sobres largos y abultados, tuvo que poner todos los sellos excepto tres de dos centavos.