Martin Eden
Martin Eden Martin olvidó su primera impresión negativa. Allà estaba lo mejor que podÃan ofrecerle los libros convertido en realidad. Allà habÃa una inteligencia, un hombre de carne y hueso al que admirar.
«No soy nada en comparación con él», se repetÃa Martin en su fuero interno.
—Usted ha estudiado biologÃa —dijo en voz alta, haciendo una alusión muy significativa.
Para su sorpresa, Brissenden lo negó con la cabeza.
—Pero está exponiendo verdades que sólo reconoce la biologÃa —insistió Martin, recibiendo a cambio una mirada inexpresiva—. Sus conclusiones están en lÃnea con los libros que ha debido leer.
—Me alegra oÃr su comentario —contestó—. El hecho de que mis escasos conocimientos me permitan llegar por un atajo hasta la verdad es reconfortante. En cuanto a mÃ, jamás me molesto en averiguar si tengo razón o no. Da lo mismo. El hombre nunca podrá saber las verdades fundamentales.
—¡Es usted un discÃpulo de Spencer! —dijo Martin en tono triunfal.
—No he vuelto a leerlo desde mi adolescencia, y cuanto leà entonces fue su Educación.