Martin Eden
Martin Eden —Y ¿lo ha conseguido?
—Por supuesto.
—¿Está seguro?
—SegurÃsimo.
—Entonces vamos a comer algo.
—De acuerdo —respondió Martin, tratando de pagar el último whisky con soda con el cambio de sus dos dólares y viendo cómo Brissenden obligaba al camarero a dejar ese dinero en la mesa.
Martin se lo guardó en el bolsillo con una mueca, y, por unos instantes, sintió el peso generoso de la mano de Brissenden sobre su hombro.