Martin Eden
Martin Eden —Mandaré a uno de los niños en busca de limones y nos haremos un ponche —sugirió Martin—. Me gustarÃa saber cuánto ganará Marlow por un libro como éste —agregó, levantando el volumen.
—Posiblemente unos cincuenta dólares —contestó Brissenden—. Aunque tiene suerte si saca algo, o si consigue que un editor se arriesgue a publicarlo.
—Entonces, ¿no se puede vivir de la poesÃa?
Tanto el tono de voz como el rostro de Martin reflejaban su desánimo.
—Por supuesto que no. Nadie es tan tonto para creer eso. De escribir rimas sÃ. Ahà están Bruce, y Virginia Spring, y Sedgwick. Les va muy bien. Pero de la poesÃa… ¿sabe cómo se gana la vida Vaughn Marlow? Dando clases en un instituto de Pennsylvania, el peor de todos los pequeños infiernos privados. No me cambiarÃa por él aunque le quedaran cincuenta años de vida. Y, sin embargo, su trabajo sobresale entre los que escriben versos como una espinela roja[24] entre zanahorias. Y ¡qué crÃticas recibe! ¡Condenados mequetrefes!
—Los que no saben escribir escriben demasiado sobre los que sà saben —estuvo de acuerdo Martin—. Sentà una gran consternación ante la cantidad de basura que han escrito sobre Stevenson y su obra.