Martin Eden
Martin Eden E inmediatamente saludó efusivamente a Martin con las dos manos.
—No sabe cuánto me alegro de verle, señor Eden. A menudo me he preguntado cómo serÃa usted.
Guardando cierta distancia, el señor Ford miró con ojos brillantes el segundo mejor traje de Martin, que también era el peor, y que estaba deshilachado y lleno de remiendos, aunque los pantalones tuvieran la raya que Martin habÃa hecho cuidadosamente con la plancha de Maria.
—Aunque confieso que me lo imaginaba mucho mayor. Su historia mostraba tal amplitud de miras, tal vigor, tal madurez y tal profundidad de pensamiento… Es una obra maestra… lo supe en cuanto leà las primeras seis lÃneas. Déjeme contarle cómo lo leÃ. Pero no, antes quiero que conozca a los demás empleados.
Sin dejar de hablar, el señor Ford le condujo a la oficina general, donde le presentó al subdirector, el señor White, un hombre menudo y delgado, de aspecto frágil, cuya mano le pareció extrañamente frÃa, como si estuviera destemplado, y con unas patillas ralas y sedosas.
—Y el señor Ends, señor Eden. El señor Ends es nuestro director comercial.