Martin Eden
Martin Eden —Supongo que tu próximo consejo será que lo envÃe a las revistas.
—Desde luego que no… si lo que quieres es verlo publicado. Ofréceselo a alguna buena editorial. Quizá alguno de sus lectores esté lo bastante loco o lo bastante borracho para recomendar su publicación. Tú has leÃdo libros. Su esencia se ha trasmutado en el alambique del cerebro de Martin Eden y se ha vertido en «La vergüenza del sol»; y algún dÃa Martin Eden será famoso, y una parte importante de su fama se deberá a esa obra. Asà que tienes que encontrar un editor… y cuanto antes mejor.
Brissenden se marchó muy tarde aquella noche; y justo cuando apoyaba el pie en el estribo del tranvÃa, se volvió hacia Martin y le entregó una pequeña bola de papel arrugado.
—Toma esto —dijo—. He ido a las carreras, y me han dicho por qué caballo debÃa apostar.
Sonó la campanilla y el tranvÃa se puso en marcha, dejando a Martin muy intrigado. Cuando regresó a su habitación, desenrolló el mugriento papel y encontró un billete de cien dólares.