Martin Eden
Martin Eden TenÃa la sensación de no haber visto nunca a Ruth tan hermosa, espiritual y etérea, y, al mismo tiempo, con un aspecto tan saludable. Sus mejillas estaban sonrosadas, y sus ojos —aquellos ojos en los que él habÃa visto la inmortalidad por primera vez— atraÃan sin cesar su mirada. En los últimos tiempos, Martin parecÃa haberse olvidado de la inmortalidad, y todas sus lecturas cientÃficas le habÃan apartado de ella; pero allÃ, en los ojos de Ruth, leÃa un argumento mudo que trascendÃa cualquier argumento hecho con palabras. VeÃa reflejado en sus ojos algo ante lo que se desvanecÃa toda discusión, pues veÃa reflejado el amor. Y en los ojos de Martin también brillaba el amor; y el amor era incontestable. Tal era su doctrina apasionada.