Martin Eden
Martin Eden La media hora que pasó con ella antes de cenar le dejó tremendamente feliz y satisfecho de la vida. Sin embargo, al sentarse en el comedor, la inevitable reacción y el agotamiento de un día de trabajo parecieron apoderarse de él. Era consciente de que se le cerraban los ojos y de que estaba irritable. Recordaba que era en aquella mesa, que ahora despreciaba y en la que tan a menudo se aburría, donde había comido por primera vez con seres civilizados, convencido de hallarse en un ambiente de gran cultura y refinamiento. Vislumbró su patética figura de aquel entonces, un tímido salvaje sudando por todos los poros de su piel, muerto de miedo, desconcertado ante la gran cantidad de utensilios que manejaban en la mesa, atormentado por aquel ogro de criado, procurando estar a la vertiginosa altura de sus elegantes anfitriones, y decidiendo al final ser él mismo y no fingir los conocimientos y la urbanidad que no tenía.