Martin Eden
Martin Eden Empezó a pasar las páginas de la revista y, de pronto, se detuvo. «Las cosas efímeras» tenía unas preciosas ilustraciones inspiradas en Beardsley[32], tanto al principio como en los márgenes. A un lado de la viñeta superior estaba la fotografía de Brissenden y al otro, la de sir John Value, el embajador británico. Una nota preliminar de la redacción recordaba que sir John Value había dicho que no había poetas en América, y la publicación de «Las cosas efímeras» era la respuesta de The Parthenon. Cartwright Bruce, definido como el crítico más importante de América, había considerado «Las cosas efímeras» el mejor poema jamás escrito a ese lado del Atlántico. El preámbulo terminaba así: «Aún no hemos determinado el verdadero valor de “Las cosas efímeras”; tal vez no podamos determinarlo nunca. Pero lo hemos leído muchas veces, maravillándonos de sus palabras y su disposición, preguntándonos de dónde las ha sacado el señor Brissenden y cómo ha podido reunirlas con tanta maestría». A continuación venía el poema.
—¡Menos mal que has muerto, Briss, viejo amigo! —murmuró Martin, dejando caer la revista al suelo, entre sus rodillas.