Martin Eden
Martin Eden Leyó artículos sobre sí mismo, y examinó los retratos que publicaban de él hasta que fue incapaz de asociar su identidad con aquellas fotografías. Él era el joven que había vivido, había temblado de emoción y había amado; que había sido comprensivo y tolerante con las flaquezas de la vida; que se había enrolado como marinero, que había recorrido tierras desconocidas y liderado su banda en aquellos viejos días de peleas. Él era el joven que se había quedado anonadado ante los miles de libros de la biblioteca pública, y que se había abierto camino entre ellos hasta llegar a dominarlos; que había pasado las noches trabajando y había escrito sus propios libros. Pero no era aquel apetito colosal que las multitudes deseaban saciar.