Martin Eden
Martin Eden Cuando llegó a su habitación, se metió en la cama y se durmió como un niño. Los sucesos de la tarde no habían dejado la menor huella en él. Su cerebro parecía insensible a las emociones. La alegría de encontrarse con Joe había sido fugaz. En seguida le había incomodado la presencia del antiguo trabajador de la lavandería y la obligación de conversar. Dentro de cinco días zarparía rumbo a sus queridos Mares del Sur, y tampoco eso significaba nada para él. Así que cerró los ojos y durmió apaciblemente ocho horas seguidas. Estaba muy tranquilo. No cambió de postura, ni tuvo ningún sueño. Dormir era sinónimo de olvidar, y lamentaba despertarse todas las mañanas. La vida era fastidiosa y aburrida, y el tiempo una tortura para él.