Martin Eden
Martin Eden —¿Buscando una cama? —Joe metió la mano en el bolsillo de atrás y sacó un montón de calderilla—. Esto es mejor que reventarse trabajando —exclamó con regocijo—. ParecÃas un buen tipo; por eso me he acercado.
Martin se rió, dándose por vencido.
—Con eso tienes para unas cuentas copas —insinuó.
Joe volvió a guardar el dinero en el bolsillo.
—¡Ni hablar! —contestó—. He dejado de beber… y no es que algo me lo impida, es que no quiero hacerlo. Sólo me he emborrachado una vez desde la última vez que te vi, y fue algo inesperado, pues tenÃa el estómago vacÃo. Cuando trabajo como un animal, bebo como un animal. Cuando vivo como un hombre, bebo como un hombre… algún trago de vez en cuando si me apetece, nada más.
Martin quedó en ver a Joe al dÃa siguiente y volvió al hotel. Se detuvo en la recepción para consultar las salidas de los vapores. El Mariposa zarpaba rumbo a Tahità al cabo de cinco dÃas.
—Telefonee mañana y reserve un camarote para mà —dijo al empleado—. Que no sea un camarote de cubierta, sino abajo, en el costado de barlovento… a babor, recuerde eso, a babor. Será mejor que lo anote.