Martin Eden
Martin Eden —Me ha mentido —dijo en voz alta—. Me habló de su gran valor, y sabÃa que el hermano que la habÃa acompañado la esperaba para volver con ella —se echó a reÃr—. ¡Oh, estos burgueses! Cuando no tenÃa un centavo, no era digno de que me vieran con su hermana. Ahora que tengo una cuenta en el banco, me la trae personalmente.
Cuando se dio la vuelta para seguir andando, un vagabundo que iba en la misma dirección le pidió una limosna por encima del hombro.
—Señor, ¿podrÃa darme veinticinco centavos para dormir en algún sitio? —fueron sus palabras.
Pero fue su voz lo que empujó a Martin a volverse. Un instante después estaba estrechando la mano de Joe.
—¿Te acuerdas cuando nos despedimos en Hot Springs? —exclamó Joe—. Te dije que nos encontrarÃamos de nuevo. Lo presentÃa. Y aquà estamos.
—¡Qué buen aspecto tienes! —señaló Martin, admirado—. Y estás más gordo…
—Pues claro —Joe estaba de lo más sonriente—. No descubrà lo que era vivir hasta que me hice vagabundo. Peso treinta libras más y estoy en plena forma. Trabajaba como un burro en aquellos tiempos. Esto me sienta mucho mejor.
—Pero andas buscando una cama —dijo Martin—, y hace una noche heladora.