Martin Eden
Martin Eden Se puso el sombrero y salió del hotel; se detuvo en una armería, donde pasó el resto de la mañana comprando rifles automáticos, munición y aparejos de pesca. Las modas regulaban el comercio, así que no podía hacer el pedido de mercancías hasta llegar a Tahití. En cualquier caso, podría conseguirlas en Australia. Aquella solución le complació. Le ahorraba un montón de preparativos, y éstos le resultaban odiosos. Volvió muy contento al hotel, soñando con su cómodo sillón Morris; y refunfuñó para sus adentros cuando, al entrar en la habitación, contempló a Joe sentado en él.
Joe estaba encantado con la lavandería. Ya estaba todo arreglado y, al día siguiente, se convertiría en su propietario. Martin se tendió en la cama con los ojos cerrados mientras su amigo seguía hablando. Los pensamientos de Martin se hallaban muy lejos… tan lejos que apenas era consciente de ellos. Tenía que hacer un esfuerzo para responder de vez en cuando. Y, sin embargo, se trataba de Joe, alguien a quien siempre había apreciado. Pero Joe amaba demasiado la vida. Y su entusiasmo resultaba doloroso para el espíritu hastiado de Martin. Hería su agotada sensibilidad. Cuando Joe le recordó que algún día tendrían que ponerse los guantes, Martin tuvo que controlarse para no gritar.