Una excursión a los indios Ranqueles
Una excursión a los indios Ranqueles A ese paso, iban a ser interrogadas, saludadas y agasajadas hasta las mulas que llevaban las cargas.
Este artÃculo del ceremonial se hizo hablando uno de mis oficiales por todos, según me lo indicó Mora.
Se redujo todo a lo sabido, razones elevadas a la quinta potencia, en medio de la mÃmica oratoria más esforzada.
En tanto que estos parlamentos tenÃan lugar, muchos indios viejos, de extraño aspecto, giraban en torno mÃo y de los mÃos, con aire misterioso, callados, cejijunto el rostro y como estudiando a los recién llegados y la situación. Se iban y venÃan, tornaban a irse y volvÃan a venir, llevándoles lenguas a las brujas, que hacÃan el exorcismo, y a las cuales iba el pellejo, o la vida, si por alguna casualidad, incongruencia o nigromancia acontecÃa una desgracia como enfermarse, morirse un indio o un caballo de estimación.
Las tales adivinas acaban sus dÃas asÃ, sacrificadas, si no tienen bastante talento, previsión o fortuna para acertar.
A cada triquitraque las llaman y consultan.
Para ir a malón, consulta; para saber si lloverá habiendo seca, consulta; para saber de qué está enfermo el que se muere, consulta. Y si los hechos augurados fallan, ¡adiós pobre bruja!, su brujerÃa no la salva de las garras de la sangrienta preocupación: muere.