Una excursión a los indios Ranqueles
Una excursión a los indios Ranqueles Miguelito nos sacó del abismo de nuestras reflexiones.
VenÃa a interceder por Rufino, ofreciéndome cuidarle él mismo.
Me pareció oportuno ceder.
—Llévalo —le dije—. Pero ¡cuidado!
Rufino oyó y contestó: no hay cuidado, mi Coronel, y comenzó a dar vivas al coronel Mansilla.
Le hice señas con el dedo de que callara; obedeció.
Un momento después oÃase en un toldo vecino, en el que habÃa una pulperÃa, su voz tonante.
Mariano me dijo:
—Están alegres los mozos.
—Si —le contesté secamente, y dándole las buenas tardes, le dejé solo.
La noche se acercaba, lo mandé traer a Rufino y le hice acostar a dormir.
Rufino tiene una historia.
Es un tipo de gaucho malo.