Una excursión a los indios Ranqueles
Una excursión a los indios Ranqueles —Pero me has dicho que no trabajabas en nada, y para vivir sin hacer daño al prójimo, es menester trabajar en algo. Te vuelvo a preguntar, ¿de qué vivÃas?
—Soy jugador.
—Pero, ¿cómo es posible que digan que eres ladrón, cuatrero y asesino, si no le eres?
—Me han achacado las cosas de otros compañeros que no he querido delatar, y dirán que soy asesino, porque les he dado algunos tajos a los de la partida.
—¿Quieres que hagamos un trato?
—Como usted quiera, Coronel.
—¿Tienes palabra?
—SÃ, señor.
—¿Tienes honor?
Rufino no contestó.
—¿Sabes lo que es el honor?
Volvió a guardar silencio.
—El honor consiste en cumplir uno siempre su palabra, aunque le cueste la vida. ¿Me entiendes ahora?
—SÃ, Coronel.
—Bien, vas a ser mi asistente, vas a cuidar mis caballos, vas a ser mi hombre de confianza, y ahora mismo te voy a hacer poner en libertad.
El gaucho no contestó una palabra.
—¿Te animas a servirme bien? Yo no puedo darte la baja. Tienes que ser soldado; te ayudaré en tus necesidades. ¿Qué te parece? ¿Te animas?