Una excursión a los indios Ranqueles
Una excursión a los indios Ranqueles He de repetir hasta el cansancio, que nuestra civilización no tiene el derecho de ser tan orgullosa.
En Santiago del Estero, donde lengua y costumbres tienen un sabor primitivo, los pobres hacen lo mismo que los indios.
El que quiera verlo, no tiene más que tomar la mensajerÃa del norte y dar un paseo por aquella provincia argentina.
Y en la sierra de Córdoba hacen igual cosa. Está más cerca y la excursión serÃa más pintoresca.
Mi ahijado quedó dormido.
Le acomodé la cabecita sobre uno de mis muslos y le dejé quieto.
Las visitas se fueron retirando.
Algunas se echaron, quedándose dormidas.
Yo, siguiendo mi plan de hacerme interesante, las imité.
¡Qué iba a dormir! Era imposible. Cuerpos extraños al mÃo, me tenÃan en una agitación indescriptible.
Me quedé no obstante en el toldo haciendo que dormÃa.
Ronqué.
Mi compadre impuso silencio. DebÃa mirarme con placer.
De repente llamé con voz trémula y débil a Rufino Pereira.