Una excursión a los indios Ranqueles
Una excursión a los indios Ranqueles —Mi comandante, cuando los demás se retiraron con la bandera, viendo yo que nadie me recogÃa, porque no me oÃan o no me veÃan, me arrastré como pude, y me escondà en unas pajas a ver si en la noche me podÃa escapar.
—¿Y cómo te escapaste?
—Cuando los nuestros se retiraron, los paraguayos salieron de la trinchera y comenzaron a desnudar los heridos y los muertos. Yo estaba vivo; pero muy mal herido, y como vi que mataban a algunos que estaban penando, me acabé de hacer el muerto a ver si me dejaban. No me tocaron, anduvieron dando vueltas cerca de mà y no me vieron. Luego que la noche se puso oscura, hice fuerzas para levantarme y me levanté y caminé agarrándome del fusil, que es este mismo, mi comandante.
Un silencio profundo reinaba en aquel momento. Todos contenÃan hasta la respiración, para no perder una palabra de las del cabo.
—¿Y por dónde saliste?