Amalia

Amalia

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Pero el señor Slade no sabe aún nuestros nombres —repuso Eduardo.

—¿Qué me importan vuestros nombres? Aquí está la bandera de los Estados Unidos y aquí se protege a todos los hombres, como quiera que se llamen —contestó el cónsul, volviéndose a acostar muy familiarmente en el sofá, sin incomodarse, cuando Daniel se levantó y tomando y apretando fuertemente su mano, le dijo:

—Es usted el tipo más perfecto de la nación más libre y más democrática del siglo XIX.

—Y más fuerte —dijo Slade.

—Sí, y la más fuerte —agregó Eduardo—, porque no puede dejar de serlo con ciudadanos como los que tiene —y el joven tuvo que irse al balcón que daba al río, para no hacer notable a los demás la expresión de su sensibilidad y su dolor comprimidos, que brotó súbitamente de sus ojos.

—Bien, míster Slade —continuó Daniel—, no somos los tres los que veníamos a pedir asilo, sino únicamente aquel caballero que se ha levantado, y que es uno de los jóvenes más distinguidos de nuestro país, y que se ve actualmente perseguido. No sé si yo también tendré que buscar más tarde esta protección, pero por ahora sólo la buscábamos para el señor Belgrano, sobrino de uno de los primeros hombres de la guerra de nuestra Independencia[105].

—¡Ah, bueno! Aquí están los Estados Unidos.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker