Amalia
Amalia —Puede ser… Vamos: ¿conoce usted el verdadero estado de los negocios actualmente? O más bien, y hablando en las generalidades que gustan a usted tanto, ¿cuál es el espíritu de las comunicaciones que dirige a su gobierno, respecto del mío?
—¿El espíritu?
—Justamente; o, con más claridad, ¿en esas comunicaciones me determina usted en buena o mala situación?; ¿espera usted el triunfo de mi gobierno, o el triunfo de la anarquía?
—Oh, señor.
—Eso no es contestar.
—Ya lo veo.
—¿Luego?
—Luego ¿qué?, Excelentísimo señor.
—Luego ¿qué me responde usted?
—¿Sobre la situación en que se encuentra el gobierno de Vuestra Excelencia en la actualidad?
—Precisamente.
—Me parece…
—Hable usted con franqueza.
—Me parece que todas las probabilidades están por el triunfo de Vuestra Excelencia.
—Pero, ¿ese parecer lo funda usted en algo?
—Sin duda.
—¿Y es en qué, señor ministro?
—En el poder de Vuestra Excelencia.