Amalia
Amalia Algunos minutos después, la puerta de la casa de Amalia estaba perfectamente cerrada; y el viejo Pedro, a quien Daniel había dado algunas instrucciones antes de partir, se paseaba desde el zaguán hasta el patio, estando perfectamente acomodadas contra una de las paredes de éste las escopetas de dos tiros de Eduardo y una tercerola de caballería, mientras a la cintura del viejo veterano de la Independencia pendía un hermoso puñal.
El criado de Eduardo, por su parte, estaba sentado en un umbral de las puertas al patio, esperando las órdenes del soldado, quien, según las instrucciones de Daniel, no debía abrir a nadie la puerta de la calle hasta su regreso.