Amalia
Amalia —Porque mamá dijo desde el principio a Victorica que no se quería prestar a conducirlo al interior de su casa; que él obrase como quisiese, pues que tenía la fuerza para hacerlo. Mamá se ha sostenido con un valor y una dignidad propios de ella. Pero luego que ha quedado sola, me ha hablado mucho de nuestro casamiento, me ha dicho que es necesario salir del país y para siempre. En mis brazos la he sentido sufrir, y la he sentido desmayarse. Mírala: parece que vuelve… Sí…, sí…, sí.
Y Florencia levantóse súbitamente, tomó la cabeza de su madre y llenó de besos aquellos ojos que acababan de derramar sobre ella la primera mirada.
Madama Dupasquier había vuelto de su desmayo.
Esa mujer, tipo perfecto de lo más delicado, de lo más culto de la sociedad bonaerense, reunía en sí todo el orgullo, toda la altivez, todo el espíritu de las nobles descendientes de los héroes de nuestra independencia, que, enorgullecidas por su origen, fueron siempre intransigentes con todo lo que no era gloria, talento o nobleza en la República; de esas mujeres que sufrían más que los hombres por la humillación que la dictadura hacía sufrir al país; y que, más que los hombres, tenían el valor para afrontar los enojos del tirano y de la plebe armada e insolentada por él.