Amalia
Amalia La noche estaba fría, pero Garrigós empezaba a sudar desde la frente, cubierta por la máscara de la hipocresía, hasta su cuello sumergido dentro su inmensa corbata; tal era cuanto había perorado aquel discípulo de fray Gerundio de Campazas[99]; y toda la concurrencia esperaba que Manuela acabase su conversación particular, para irse a su casa a referir a sus allegados las palabras, las sonrisas, las acciones con que habían sido honrados por la señorita doña Manuelita Rosas y Ezcurra.
En efecto; no bien Daniel se volvió a Mercedes, y Manuela a la esposa de Mariño, cuando sucesivamente fueron llegando a despedirse de ella cuantos allí había, haciendo cada uno un cumplimiento a su modo. El uno le hacía un juramento de morir por ella y por su padre, el otro le ofrecía una cabeza, aquél unas orejas, y más de uno le ofrecía trenzas de las salvajes unitarias; todo para cuando llegara el día de la venganza de los federales.