Amalia
Amalia El silencio era sepulcral. Pero de repente uno de los escribientes levanta la cabeza y pone la pluma en el tintero.
—¿Acabó usted? —dice el hombre del sombrero de paja, dirigiéndose al joven.
—Sí, Excelentísimo señor.
—A ver, lea usted.
—«En la provincia de Tucumán: Marco M. de Avellaneda, José Toribio del Corro, Piedrabuena (Bernabé), José Colombres. Por la provincia de Salta: Toribio Tedín, Juan Francisco Valdez, Bernabé López Sola».
—¿No hay más?
—No, Excelentísimo Señor. Esos son los nombres de los salvajes unitarios que firman los documentos de 7 y 10 de abril, de la provincia de Tucumán; y 13 del mismo, de la provincia de Salta.
—¡En que se me desconoce por gobernador de Buenos Aires, y se me despoja del ejercicio de las relaciones exteriores! —dijo con una sonrisa indefinible ese hombre a quien daban el título de Excelentísimo, y que no era otro que el general Don Juan Manuel de Rosas, dictador argentino.
—Lea usted los extractos de las comunicaciones recibidas hoy —continuó.