La ideologia alemana
La ideologia alemana La expresión abstracta y transfigurada en que se convierte, para Hegel, tergiversándola, una colisión real, es considerada por esta cabeza «crítica» como la colisión real. Acepta contradicción especulativa y afirma una parte de ella frente a la otra. La frase filosófica en que se expresa el problema real es, para él, el problema real mismo. Vemos, pues, cómo, de una parte, en vez de los hombres reales y de su conciencia real, toma la simple frase abstracta: la autoconciencia, que se le antoja independiente de sus relaciones sociales y enfrentada a ellas, y, en vez de la producción real, la actividad sustantivada de esta autoconciencia; y cómo, de otra parte, sustituye la naturaleza real y las relaciones sociales realmente existentes por el compendio filosófico de todas las categorías o nombres filosóficos de estas relaciones en la frase «la sustancia», ya que, al igual que todos los filósofos e ideólogos, ve en los pensamientos, en las ideas, en la expresión ideológica sustantivada del mundo existente el fundamento de este mundo. Y huelga decir que, con estas dos abstracciones ya carentes de sentido y de contenido puede recurrir a una serie de trucos, sin necesidad de saber absolutamente nada del hombre real ni de sus relaciones. (Véase, por lo demás, lo que acerca de la sustancia dice Feuerbach y lo que dice san Max acerca del «liberalismo humano» y de lo «sagrado»). No abandona, pues, el terreno especulativo, para resolver las contradicciones de la especulación; maniobra desde este mismo terreno y hasta tal punto se mantiene él mismo en el terreno específicamente hegeliano, que le quita constantemente el sueño la relación «entre la autoconciencia» y el «espíritu absoluto». Nos encontramos aquí, en una palabra, con aquella filosofía de la autoconciencia anunciada en la Crítica de los Sinópticos, desarrollada en el Cristianismo descubierto y, por desgracia, anticipada de largo tiempo atrás en la Fenomenología de Hegel. Esta nueva filosofía baueriana ha sido totalmente refutada en La Sagrada Familia, pp. 220 y ss. y 304-307. Sin embargo, san Bruno logra volver a caricaturizarse aquí a sí mismo, al meter de contrabando la «personalidad», para poder presentar, con Stirner, al único como su «propia hechura» y a Stirner como la hechura de Bruno. Pero este programa merece que se le dedique una breve noticia.