La ideologia alemana
La ideologia alemana Por tanto, no es, como Stirner afirma, «porque yo y el espÃritu son nombres distintos de cosas distintas, porque yo no soy espÃritu y el espÃritu no es yo», p. 42 como se explica la necesidad de que el espÃritu more en el más allá, es decir, sea dios, sino por el «entusiasmo del espÃritu» imputado a Szeliga sin razón alguna y que hace de él un asceta, es decir, un aspirante a convertirse en dios (en espÃritu puro) y que, al no poder hacerlo, estatuye a dios fuera de sÃ. Pero de lo que se trataba era de que el espÃritu se crease de la nada y crease luego de su seno espÃritus. En vez de esto, nos encontramos con que Szeliga produce a dios (el único espÃritu que aquà se nos presenta), no porque él, Szeliga, sea el espÃritu, sino porque es Szeliga, es decir, el espÃritu imperfecto, el espÃritu no espiritual, es decir, al mismo tiempo, el no espÃritu. San Max no nos dice una palabra acerca de cómo surge la representación cristiana del espÃritu como dios; a pesar de que esto ya no constituye, ahora, una gran hazaña; sencillamente, presupone su propia existencia, para explicarla.
La historia de la creación del espÃritu «no se plantea en verdad, de suyo, otra misión» que la de colocar el estómago de Stirner entre las estrellas.
«Precisamente porque no somos el espÃritu que mora en nosotros, tenemos que situarlo