La ideologia alemana
La ideologia alemana Hegel atribuye, por tanto, a la jerarquía católica de la Edad Media el propósito de haber querido ser «el imperio del espíritu» y la concibe, por ello, como una forma limitada, imperfecta, de este imperio del espíritu, cuya consumación ve él en el protestantismo y en su supuesto desarrollo. Por muy ahistórico que esto sea, Hegel es, sin embargo, lo bastante histórico para no extender el nombre de jerarquía más allá de la Edad Media. Pero san Max sabe, por haberlo aprendido en el mismísimo Hegel, que la época posterior es la «verdad» de la anterior y, por tanto, la época del imperio perfecto del espíritu la verdad de la época en que el espíritu dominaba todavía de un modo imperfecto; es decir, que el protestantismo es la verdad de la jerarquía y, por tanto, la jerarquía verdadera. Y, siendo así que solo la jerarquía verdadera merece el nombre de jerarquía, es evidente que la jerarquía de la Edad Media tenía que ser necesariamente una jerarquía «endeble», cosa que le resulta tanto más fácil demostrar cuanto que en los pasajes anteriores, y en cien más de Hegel, se había expuesto ya la imperfección del imperio del espíritu en la Edad Media, cosa que a él le bastaba con copiar, reduciendo toda su actividad «propia» a sustituir la expresión «imperio del espíritu» por la palabra «jerarquía». Y ni siquiera necesita desarrollar la simple deducción mediante la que el imperio del espíritu se convierte para él, sencillamente, en la jerarquía, después de haberse puesto de moda entre los teóricos alemanes el dar al efecto el nombre de causa y arrojar, por ejemplo, en la categoría de la teología todo lo que había salido de la teología y no se hallaba aún del todo a la altura de los principios de estos teóricos —por ejemplo, la especulación hegeliana, el panteísmo de Strauss, etc.—, juego de manos que estaba a la orden del día, especialmente, en el año 1842. De los pasajes citados se desprende, asimismo, que Hegel: 1.º considera la Revolución francesa como una fase nueva y más acabada de este imperio del espíritu; 2.º que ve en los filósofos los señores del mundo del siglo XIX; 3.º que afirma que ahora solo rigen entre los hombres los principios abstractos; 4.º que ya en él se consideran el matrimonio, la familia, el Estado, el ganarse la vida por sí mismo, el orden civil, la propiedad, etc., como «divinos y sagrados», como «lo religioso»; y 5.º que la moral, como la santidad secularizada o la temporalidad santificada se expone como la forma última y más alta del imperio del espíritu sobre el mundo, cosas todas que Stirner repite al pie de la letra.