La ideologia alemana

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San Max, ya carente de espíritu, cree en las formaciones fantásticas de gases de los cristianos, que brotan de la disolución del mundo antiguo. El antiguo cristiano no era dueño de nada en este mundo; se contentaba, por tanto, con sus propiedades imaginarias en el cielo y con sus títulos divinos de posesión. En vez de poseer sobre el mundo la propiedad del pueblo, se proclamaba a sí mismo y proclamaba a su sociedad de desharrapados en el «pueblo de la propiedad» (1.a de S. Pedro, 2, 9). La representación cristiana del mundo es, según Stirner, el mundo en que se disuelve realmente el mundo antiguo, a pesar de que solo es, cuando más, [un mundo] imaginario, imaginación en la que [el m]undo de las antiguas representaciones se [disuelve en u]n mundo en el que el cristiano [en la fe] puede también mover montañas, sentirse [poderoso] y empujar hacia la «paralización del impulso mecánico». Como los hombres, según Stirner, no se mueven ya por el mundo [exterior], ni tampoco [por] el impulso mecánico de la necesidad de producir y como, en general, el movimiento mecánico, incluyendo, por tanto, el acto sexual, ha perdido su eficacia, solo pueden haberse perpetuado por el milagro. Naturalmente que, para espíritus ingeniosos y maestros de escuela alemanes pletóricos de gases como un Stirner resulta mucho más fácil, en vez de exponer la transformación de las relaciones reales de la propiedad y la producción del mundo antiguo, contentarse con las fantasías cristianas acerca de la propiedad, que no es, en realidad, sino la propiedad de la fantasía cristiana. El mismo cristiano primitivo que [en] la fantasía de Jacques le bonhomme, era el dueño del mundo antiguo, pertenecía casi siempre, en la realidad, al mundo de los apropiadores, era esclavo y podía comprarse y venderse. Pero Stirner, complacido con su construcción, sigue cantando inconteniblemente victoria. «¡La primera propiedad, el primer señorío, habían sido adquiridos!», p. 124. Y del mismo modo sigue el egoísmo stirneriano adquiriendo propiedades y señoríos y celebrando «victorias totales». En la actitud teológica del cristiano primitivo ante el mundo antiguo se consuma prototípicamente toda su propiedad y todo su señorío.


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