La ideologia alemana
La ideologia alemana Ahora, al cristiano ya no le queda más que despojarse lo antes posible de su espíritu y reconocer al mundo del espíritu en su vanidad como lo había hecho ya con el mundo de las cosas, para poder así «hacer y obrar a su antojo» con el mundo del espíritu, con lo que se convierte en el cristiano acabado y perfecto, en el egoísta. La actitud del cristiano ante el mundo antiguo da, pues, la pauta para la actitud del egoísta ante el mundo moderno. La preparación para esta carencia de espíritu forma el contenido de una vida «casi bimilenaria», vida que, naturalmente, en sus épocas capitales, solo sucede en Alemania.
«Bajo diversas mutaciones, el espíritu santo se convirtió con el tiempo en la idea absoluta, que, a su vez, y en diversas refracciones, se desdobló en las diferentes ideas del humanismo, las virtudes cívicas, la racionalidad, etc.», pp. 125-126. El cavilador alemán, metido en su cuarto, vuelve a invertir aquí las cosas. Las ideas del humanismo, etc., monedas cuyo cuño estaba ya completamente desgastado a fuerza de circular en el siglo XVIII, fueron condensadas por Hegel en el sublimado de la idea absoluta, pero sin que, a pesar de esta reacuñación, llegaran a adquirir en el extranjero mayor cotización que el papel-moneda de los prusianos.