La ideologia alemana
La ideologia alemana Después que nuestro buen Sancho, en su nuevo papel de caballero andante[132], y precisamente de caballero de la tristísima figura[133], ha recorrido toda la historia y ha combatido e «inflado» por doquier los espíritus y los espectros, «los dragones y los avestruces, los demonios del campo y los duendes, las lechuzas y los cuervos, los mochuelos y los puercoespines» (cfr., Isaías, 34, 11-14), ¡cuán tranquilo debe sentirse, al llegar por fin de todas estas diversas tierras a su ínsula Barataria, a «la tierra» como tal, en la que «el hombre» mora «in puris naturabilus»[134]! Evoquemos una vez más en el recuerdo su gran principio, el dogma que le ha sido impuesto y sobre el que descansa toda su construcción de la historia, a saber: que «las verdades que se desprenden del concepto del hombre son adoradas y santificadas precisamente como revelaciones de este concepto»; las «revelaciones de este sagrado concepto» «no son despojadas de su santidad ni siquiera aunque se supriman algunas de las verdades que en dicho concepto se manifiestan», p. 51. Y apenas necesitamos repetir aquí lo que ya a la luz de todos sus ejemplos hemos demostrado al sagrado escritor, a saber: que se construye a posteriori, se expone, se representa, se afianza y se justifica como revelación del concepto «hombre», lo que son las relaciones empíricas, creadas por el hombre real en su comercio real, y en modo alguno por el concepto sagrado del hombre. Basta recordar, para ello, su jerarquía. Pero, pasemos ahora al liberalismo humano.