La ideologia alemana

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Los predicados de dios, recibidos de Feuerbach como potencias reales sobre los hombres, como jerarcas, son los abortos deslizados por debajo del mundo empírico, con que se encuentra Stirner. Hasta tal punto todo lo que es suyo «propio» se basa simplemente en lo que otros le «inspiran». Y cuando Stirner (véase también p. 63) reprocha a Feuerbach que no llega a resultado alguno por convertir el predicado en sujeto, y viceversa, a menos resultados todavía puede llegar él mismo, ya que él acepta a pies juntillas estos predicados feuerbachianos conv[ertidos en suj]etos como personalidades reales que domi[nan al mundo], toma con la mayor lealtad estas frases sobre las relaciones como las relaciones mismas de la realidad, les atribuye el predicado de lo sagrado, y convierte este predicado en un sujeto, «lo sagrado»; es decir, hace exactamente lo mismo de que acusa a Feuerbach y, después de haberse desembarazado totalmente, así, del contenido determinado de que se trataba, declara su lucha, es decir, su «repugnancia» en contra de este algo «sagrado», que, naturalmente, sigue siendo lo mismo que antes era. En Feuerbach se conserva todavía la conciencia, que san Max le echa en cara, de «que, en ello, solo se trata de destruir una ilusión», p. 77 de «el libro», a pesar de que Feuerbach sigue concediendo a esta lucha contra la ilusión excesiva importancia. En Stirner, esta conciencia «ha devenido todo», pues él cree realmente en el imperio de los pensamientos abstractos de la ideología en el mundo actual; cree que, en su lucha contra los «predicados», contra los conceptos, no ataca ya a una ilusión, sino a las potencias reales que dominan el mundo. De ahí su manera de ponerlo todo de cabeza, de ahí la enorme credulidad con que acepta como moneda de buena ley todas las ilusiones aparentemente consagrados, todas las hipócritas afirmaciones de la burguesía. Por lo demás, cuán poco queda en pie del «pelele», del «verdadero meollo» y del «oropel» y cuán necio es este bello símil lo demuestra mejor que nada la propia «crisálida» de Stirner, «el libro», en el que no se encontrará ningún «meollo», ni «propio» ni im«propio» y donde lo poco que se encuentra en sus 491 páginas apenas si merece el nombre de «oropel». Pero si acaso encontrásemos aquí algún «meollo», este meollo sería el pequeñoburgués alemán.


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