El halcón pirata
El halcón pirata Al volver de su excursión, y después de haber amarrado su bote en una pequeña ensenada, dirigióse por la estrecha faja arenosa que pone en comunicación la Punta del Tambor con la tierra firme, y subiendo por la falda de la colina, detúvose con sus compañeros en un punto desde donde podía contemplar cómodamente el gracioso y poético paisaje que se ofrecía a su vista.
El astro de la noche iluminaba con sus rayos suaves y brillantes la tierra y el agua; hacia el Oeste extendíase el río como una inmensa sábana líquida, limitada al Este por la Punta del Tambor, y apenas rizaba la superficie una ligera brisa; un poco más allá elevábase el promontorio llamado de la Paciencia, y las colinas bajas situadas por la parte de Santa María.
Un hombre del temperamento de John Alvan Coe no podía menos de extasiarse en la contemplación de tan gracioso cuadro, aunque estuviese muy acostumbrado a observar las bellezas naturales, pero muy pronto llamó su atención un incidente que ocurría en el muelle, casi debajo de la colina donde él se hallaba.
El único buque que había quedado en las aguas era el gracioso bergantín que vio al pasar la primera vez; y alejábanse de él tres botes que, pesadamente cargados al parecer, dirigíanse a la orilla.
Poco después, el joven vio brillar una luz en una de las ventanas posteriores del almacén.