La montaña perdida
La montaña perdida Todos volvieron el rostro hacia el que habÃa pronunciado tales palabras y vieron a Enrique Tresillian que se ponÃa colorado...
—¿Partir solo, hijo mÃo? — preguntó su padre emocionado—. ¿Por qué?
—Porque me parece lo mejor que se puede hacer, ya que Cruzado no puede llevar a más de una persona.
—¿Cruzado? ¿Por esto...?
—¡Caramba! — exclamó don Esteban—. Me parece muy bien.
—SÃ-dijo el joven a su padre—, cuento con Cruzado para realizar nuestro plan. Gracias a él llegaré a Arispe muchos dÃas antes que cualquier mensajero a pie. Y en cuanto vaya montado en mi caballo tengo la seguridad de que no podrán cogerme los indios.
—¿Ya sabe usted si le será posible llegar hasta su caballo?
—No habrá necesidad de eso, porque él acudirá cuanto lo llame.
—Esto me parece bastante razonable —dijo entonces Pedro Vicente—, pero creo que serÃa mejor que partiese yo, pues conozco el camino.
—Yo también lo conozco lo bastante para encontrarlo. Además, Cruzado no obedecerá a nadie más que a mà y eso es muy importante.