La montaña perdida
La montaña perdida Hacía muy poco rato que un destacamento de indios salió de su campamento para tratar de apoderarse del caballo, pues el nuevo jefe parecía más interesado que el mismo Cascabel en poseerlo. Los indios habían formado un plan antes de salir y esperaban que aquella vez conseguirían apoderarse del que casi consideraban como caballo endiablado. Se dividieron en dos grupos, uno de los cuales había de diseminar sus hombres uno a uno, al pie de la montaña, en tanto que el segundo daría un rodeo para coger al caballo y echarlo hacia sus compañeros.
Habían convenido guardar el mayor silencio a fin de no asustar al caballo, pero cuando el primer hombre del destacamento tuviera que avisar a la línea dispuesta al pie de la montaña, debía imitar el grito del coyote.