¿Y a ti qué te pasa?
¿Y a ti qué te pasa? Los días avanzan entre acercamientos y distancias. Lucas aparece enfermo en su casa. Ella lo cuida otra vez. Comparten música, ternura, caricias. Y luego, como si nada hubiera pasado, él se esfuma, se refugia en su coraza.
Pero el cuerpo de Menchu empieza a hablar por ella. No puede seguir reprimiendo el desgaste emocional. Se siente vacía, usada. Aunque lo niegue, se está rompiendo.
Entonces, sucede lo inevitable. En una noche cualquiera, mientras Menchu baila con Lorenzo, Lucas interrumpe. La saca a la pista. La envuelve. La confunde.
—¿Quién es él? —pregunta, mientras la toma por la cintura. —Un amigo. Como tú. —No soy tu amigo, Menchu. Tú lo sabes.
Pero esas palabras no bastan. Porque no vienen con actos. Y cuando él, minutos después, se marcha del bar con una pelirroja voluptuosa, Menchu se queda paralizada. Otra vez relegada. Otra vez invisible.
Y aunque Lorenzo está ahí, dispuesto, presente, ella siente que se ha vaciado por dentro. Que le han arrancado algo que ya no puede recuperar.
Esa noche, cuando Noelia la enfrenta, Menchu solo dice:
—No me pidas que lo entienda. Ni siquiera yo puedo.