Billy Budd, marinero
Billy Budd, marinero En alta mar, en los viejos tiempos, la ejecución por ahorcamiento de un marinero de la Armada se llevaba a cabo por lo general en la verga de trinquete. En este caso, por razones especiales, se escogió la del palo mayor. Llevaron al prisionero bajo el penol de dicha verga mientras el capellán le ofrecía consuelo espiritual. Todos observaron entonces, y comentaron después, que en esa escena final el buen hombre fue poco o nada rutinario. Departió un momento con el condenado, pero el verdadero Evangelio no estaba tanto en su lengua como en su porte y su actitud con él. Entretanto, dos ayudantes del contramaestre ultimaban los preparativos: se acercaba la consumación. Billy se quedó mirando a popa. En el penúltimo momento, pronunció unas palabras, las únicas, claras y sin tartamudeos: «¡Que Dios bendiga al capitán Vere!». Fue algo inesperado en alguien con el ignominioso cáñamo al cuello, la bendición de un vulgar convicto dirigida a popa, donde residía el honor; sonaron además como la clara melodía de un pájaro en el momento del alzar el vuelo desde su rama, y causaron un efecto impresionante, reforzado por la rara belleza del joven marinero, espiritualizada por sus últimas vivencias, tan profundas y conmovedoras.