Moby Dick. Version ilustrada
Moby Dick. Version ilustrada —Reconozco vuestro mudo e ilocalizado poder; ¿no lo dije asÃ? Ni lo extrajeron de mÃ, ni suelto ahora estos eslabones. Vos podéis cegar; mas yo puedo entonces ir a tientas. Vos podéis consumir; mas entonces yo puedo ser ceniza. Aceptad el homenaje de estos pobres ojos, y de estas manos-celosÃas. Yo no lo aceptarÃa. El relámpago centellea a través de mi cráneo; mis globos oculares duelen cada vez más; mi entero cerebro golpeado parece haber sido decapitado y estar rodando por un terreno que aturde. ¡Oh, oh! Mas, incluso cegado, todavÃa deseo hablar con vos. Aunque seáis luz, surgisteis de la oscuridad; mas yo soy la oscuridad surgiendo de la luz, ¡surgiendo de vos! Las jabalinas cesan; abrid los ojos; ¿veis, o no? ¡Ahà arden las llamas! ¡Oh, vos magnánimo!, ahora me vanaglorio de mi genealogÃa. Aunque sois mi ardiente padre, a mi dulce madre no la conozco. ¡Oh, inclemente!, ¿qué habéis hecho con ella? En eso consiste mi rompecabezas; aunque el vuestro es mayor. Vos no sabéis cómo vinisteis, y de ahà que os llaméis no engendrado; ciertamente no conocéis vuestro principio, y de ahà que os llaméis no iniciado. Yo sé eso de mÃ, eso que vos no sabéis de vos mismo, oh, omnipotente. Hay un algo no difundido más allá de vos, vos, claro espÃritu, para lo que toda vuestra eternidad sólo es tiempo; toda vuestra creatividad, mecánica. A través de vos, de vuestro llameante ser, oscuramente lo ven mis chamuscados ojos. Oh, vos, fuego expósito, vos, inmemorial ermitaño, también vos poseéis vuestro incomunicable enigma, vuestro dolor no participado. Aquà de nuevo, con altanera agonÃa, descubro a mi señor. ¡Saltad! ¡Saltad hacia arriba y lamed el cielo! Yo salto con vos; yo ardo con vos; con agrado me fundirÃa con vos; ¡desafiantemente os venero!