Moby Dick. Version ilustrada
Moby Dick. Version ilustrada Dio la orden; y observando todavÃa a su alrededor, fue bajado hasta la cubierta con pulso firme a través del hendido aire azul.
A su debido tiempo se arriaron las lanchas; mas al situarse en la popa de su chalupa, Ajab, demorándose un instante a punto de descender, le hizo señas al primer oficial —que sostenÃa uno de los cabos del aparejo en cubierta— y le pidió que hiciera una pausa.
—¡Starbuck!
—¿Señor?
—Por tercera vez el barco de mi espÃritu inicia este viaje, Starbuck.
—SÃ, señor, asà deseáis que sea.
—Algunos barcos se hacen a la mar desde sus puertos, ¡y desaparecen por siempre jamás, Starbuck!
—Cierto, señor: la más triste de las certezas.
—Algunos hombres mueren al bajar la marea; algunos en bajamar; algunos en lo más vivo de la marea… y yo me siento ahora como una ola que es toda ella una cresta, Starbuck. Soy viejo… estrechad mi mano, compañero.
Sus manos se encontraron; sus ojos pegados; las lágrimas de Starbuck el adhesivo.
—¡Oh, mi capitán, mi capitán!… noble corazón… no vayáis… ¡no vayáis!… Atended, es hombre valiente el que gime; ¡qué grande entonces, la agonÃa de la persuasión!