Moby Dick. Version ilustrada
Moby Dick. Version ilustrada Puede parecer extraño que, de entre todos los hombres, a los marineros les dé por chapucear con sus últimas voluntades y testamentos, pero no hay personas en el mundo más aficionadas a esa diversión. Ésta era la cuarta vez en mi vida náutica que habÃa hecho lo mismo. Una vez que se concluyó la ceremonia en la presente ocasión, me sentà mucho más distendido; de mi corazón fue apartada, rodando, una piedra[68]. Además, todos los dÃas que ahora viviera serÃan tan buenos como los dÃas que Lázaro vivió tras su resurrección; una suplementaria ganancia neta de tantos meses o semanas como fuera el caso. Me sobrevivà a mà mismo; mi muerte y mi entierro estaban encerrados en mi pecho. Miré a mi alrededor satisfecho y tranquilo, como un apacible fantasma con una conciencia limpia sentado dentro de la reja de un cómodo mausoleo familiar.
Entonces, pensé yo ahora, remangando inconscientemente las mangas de mi levita, ahà vamos, a una impávida y serena zambullida en la muerte y la destrucción, y que el Diablo me lleve.