El dominico blanco
El dominico blanco ¿PreferirÃas tal vez saber que sufro? ¡Y lo que sufrirÃa si permaneciera con vida no puede expresarse con palabras! Sólo he echado una ojeada a la vida que me esperarÃa… ¡una sola! ¡Qué horror!
¡Antes el infierno que semejante profesión!
Aun asà lo soportarÃa con gozo si supiera que de este modo me acercaba a la dicha de unirme contigo. ¡No pienses que abandoné la vida porque no fui capaz de sufrir por ti! Lo hago porque sé que nuestras almas estarÃan separadas para siempre, aquà y en el más allá. No creas que sólo son palabras para consolarte, una falsa esperanza o una quimera si te digo: ¡sé que sobreviviré a la sepultura y volveré a estar contigo! ¡Te lo juro, lo sé! Cada uno de mis nervios lo sabe. Mi corazón, mi sangre, lo saben. Cien presagios me lo dicen. ¡Cuando estoy despierta, cuando duermo y cuando sueño!
Voy a darte una prueba de que no me engaño. ¿Crees que cometerÃa la temeridad de asegurarte algo si no tuviera la certeza de que saldrá bien?
Escúchame: ¡ahora, donde lees estas palabras, cierra los ojos! ¡Te besaré las lágrimas!
¿Sabes ahora que estoy a tu lado y que estoy viva?
No temas, cariño mÃo, que el minuto de mi muerte pueda ser doloroso para mÃ.
Amo tanto al rÃo que no me hará daño cuando le confÃe mi cuerpo.