Historia de un pepe
Historia de un pepe Cuando Gabriel Fernández se presentó a don Andrés de Urdaneche a darle parte de su nueva elección y recomendarle una carta para su padre, el viejo negociante se sonrió con malicia; recordando, sin duda, la escena que habÃa tenido lugar en el mismo sitio, no mucho tiempo antes, cuando fue el enamorado mancebo a participarle su resolución de casarse con la hija de Matamoros.
No se expresó, por supuesto, en los términos destemplados en que lo habÃa hecho en aquella ocasión. Por el contrario, dijo que Gabriel no podÃa haber elegido mejor; pero al tratar del punto de recabar el permiso de don Fernando Fernández de Córdoba, fue visible el embarazo de Urdaneche.
Extraño pareció esto al joven teniente; pero no lo parecerá asà a nuestros lectores, pues no ignoran que don Andrés no podÃa abrigar por un momento la idea de escribir al supuesto padre de Gabriel. Si lo dijo asà a éste cuando le comunicó el proyecto de matrimonio con la hija del maestro de armas, fue como debe haberse comprendido, por dar largas al asunto, con la idea de ganar tiempo y con la esperanza de que su recomendado desistirÃa de su absurdo propósito.