Historia de un pepe
Historia de un pepe —A mÃ, para nada —dijo él—. Simple curiosidad y nada más. Pero si usted pudiera averiguarlo, no me pesarÃa.
—Lo procuraré —contestó la vieja, que comenzó a sospechar cuál podÃa ser el objeto de los halagos y de la visita de Oñate. Al despedirse éste, le dijo doña Dorotea que con gran vergüenza le suplicaba le prestase diez pesos, para devolvérselos dentro de ocho dÃas, lo que hizo él de mil amores, diciendo que en eso y en cualquier otra cosa tendrÃa gusto en servirla.
Animada con la dádiva y más aún con la esperanza de vender caro el servicio, ofreció la vieja bribona no descansar hasta sorprender el secreto del huésped enfermo, y don Cristóbal se despidió lleno de esperanzas de poder cobrar los quinientos pesos ofrecidos por la entrega del escribano.